Libros de Alice Mcdermott
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Libros en papel (6)
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❤️ Biografía de Alice Mcdermott
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Alice McDermott es una reconocida novelista, ensayista y profesora estadounidense que, desde finales del siglo XX hasta la actualidad, ha producido una obra literaria significativa dentro de la narrativa contemporánea de Estados Unidos. Nacida en Brooklyn en 1953, su trayectoria combina la exploración de temas como la memoria, la fe, la herencia cultural y la vida cotidiana en comunidades irlandesas-americanas con una voz narrativa pulida e íntima.
A lo largo de su carrera ha sido finalista del Premio Pulitzer en varias ocasiones y ha recibido premios tan prestigiosos como el National Book Award por su novela Charming Billy. Además, se desempeñó durante décadas como profesora en la Universidad Johns Hopkins, donde impartió talleres de escritura creativa y formó a nuevas generaciones de autores. Su más reciente novela, Absolution (2023), ha sido valorada como una obra madura dentro de su producción literaria.
Vida y formación
La escritora nació el 27 de junio de 1953 en Brooklyn, Nueva York, y creció en Long Island, en un entorno familiar católico con raíces irlandesas. Desde pequeña mostró sensibilidad hacia el lenguaje y la narración: con dos hermanos mayores, en las conversaciones familiares ella sentía que tenía poco espacio para expresarse verbalmente, y la escritura le ofreció esa vía para “levantar la voz” en su mundo interior. Durante su infancia asistió a escuelas católicas: estudió en la St. Boniface School, en Elmont, y luego en la Sacred Heart Academy, en Hempstead (Long Island).
Para la educación superior eligió la State University of New York en Oswego, donde obtuvo una licenciatura en inglés en 1975. Más adelante cursó una maestría en la Universidad de New Hampshire, que completó en 1978. Fue en esos años académicos donde confirmó su vocación literaria: un profesor le afirmó que era escritora —un reconocimiento que, según ella, marcó su vida creativa.
Durante esos primeros años también comenzó a publicar relatos en revistas como Ms., Mademoiselle, Redbook o Seventeen. Esa experiencia temprana con el mundo editorial reforzó su convicción de dedicarse a la escritura con seriedad. En paralelo, su vida personal se vinculó con la ciencia cuando conoció a David Armstrong, neurocientífico con quien contrajo matrimonio en 1979; la carrera de él les llevó entonces a moverse por distintas ciudades según oportunidades académicas.
Trayectoria profesional
Desde sus comienzos como escritora, cultivó tanto la narrativa como la docencia universitaria. Tras publicar relatos en revistas literarias, su primera novela, A Bigamist’s Daughter, fue aceptada en 1982, marcando el inicio formal de su carrera novelística. Su editor Jonathan Galassi, quien la acompañó desde sus primeros trabajos, destacaría su voz madura desde muy temprano.
En la década de 1980 empezó a consolidar su reputación literaria con That Night (1987), obra con la que alcanzó primeras candidaturas a grandes premios. Conforme avanzaba su carrera, compaginó la escritura con la enseñanza en universidades como la Universidad de California en San Diego, la American University, y como profesora visitante en instituciones como Lynchburg College o Hollins College.
En 1996 se trasladó profesionalmente al departamento de Escritura de la Universidad Johns Hopkins, iniciando ahí una etapa decisiva de su vida como docente permanente. Allí impartió talleres de ficción tanto para grado como para posgrado y fue nombrada profesor titular Richard A. Macksey de Humanidades, cargo que ocupó entre 2002 y 2019.
Paralelamente publicó novelas que ganaron reconocimiento nacional e internacional, ampliando su público y consolidando su voz literaria. A lo largo de su carrera ha alternado períodos de mayor productividad creativa con etapas de revisión y perfeccionamiento de su estilo. En los últimos años ha seguido explorando nuevas temáticas, hasta llegar a su novela más reciente, Absolution (2023), que profundiza en los dilemas morales individuales y colectivos en el contexto de la guerra de Vietnam.
Obras literarias destacadas
Entre sus trabajos más notables se hallan:
A Bigamist’s Daughter (1982), su novela debut, que introdujo ya su interés por explorar relaciones familiares complejas.
That Night (1987), en la que una narradora recuerda desde la adultez un episodio adolescente traumático; fue finalista de premios como el Pulitzer.
At Weddings and Wakes (1992), centrada en una familia irlandesa-estadounidense y las tensiones generacionales que emergen en celebraciones y duelos.
Charming Billy (1997/1998), considerada su obra emblemática, que obtuvo el National Book Award; cuenta la vida y muerte de Billy Lynch a través del recuerdo comunitario.
Child of My Heart (2002), novela más íntima sobre maternidad y pérdida.
After This (2006), donde la autora narra la vida posterior a un suceso traumático con el tono retraído característico.
Someone (2013), bestseller y finalista de premios como el National Book Critics Circle; es una narración fragmentaria de la vida de una mujer común en Brooklyn.
The Ninth Hour (2017), ambientada en el Brooklyn del siglo XX, con una trama centrada en el destino individual frente al destino colectivo.
Absolution (2023), donde dos mujeres estadounidenses afincadas en Vietnam durante la guerra se enfrentan a las consecuencias éticas de sus acciones.
What About the Baby? Some Thoughts on the Art of Fiction (2021), colección de ensayos donde reflexiona sobre el oficio del escritor, el lenguaje y la práctica narrativa.
Estas obras permiten recorrer su evolución estilística y temática, desde relatos familiares dentro de comunidades católicas hasta exploraciones morales más amplias en tiempos de conflicto.
Temas y estilo narrativo
A lo largo de su obra aparecen con frecuencia temas como la memoria, la identidad cultural (especialmente la herencia irlandesa), la fe católica, los vínculos familiares y el peso del pasado en el presente. Su mirada se posa en personajes “ordinarios”, cuyas vidas cotidianas revelan tensiones interiores profundas.
Narrativamente suele utilizar estructuras no lineales: los recuerdos se entrecruzan, los saltos temporales permiten que el lector reconstruya el relato desde fragmentos, y la voz narrativa se mueve con delicadeza entre la mirada infantil y la reflexión adulta. En novelas como Someone, esa fragmentación permite que momentos aparentemente anodinos cobren resonancia simbólica.
Su estilo es introspectivo, preciso y comedido: evita el exceso ornamental, pero cuida cada frase con meticulosidad. Según ella misma, las palabras importan, y cada término debe soportar la exigencia de la construcción. Esa austeridad es acompañada por momentos emotivos contenidos, donde el silencio y lo no dicho pesan tanto como lo explícito.
Otro rasgo distintivo es su capacidad para retratar comunidades pequeñas con sentido panorámico: no se limita al individuo, sino que inserta al personaje en tramas comunitarias, sociales y locales. En At Weddings and Wakes, por ejemplo, el contexto familiar y comunal actúa casi como personaje colectivo, contrapunto constante del individuo.
Al mismo tiempo, su herencia irlandesa-americana impregna su elección de escenarios, símbolos y tonalidades: la nostalgia, la lealtad religiosa o la culpa, el sentir de pertenencia, la transmisión cultural. Esa “voz irlandesa” aparece no como ancla nostálgica, sino como matriz simbólica en diálogo con los retos contemporáneos del individuo.
En sus ensayos, como los recogidos en What About the Baby?, reflexiona sobre la técnica narrativa: aborda cuestiones como el equilibrio entre mostrar y narrar, la importancia del ritmo, la conexión entre los detalles aparentemente menores y el tema mayor, y la necesidad de rehacer y revisar hasta que el texto “respire”.
Reconocimiento y legado
La escritora ha sido reconocida con múltiples galardones y menciones a lo largo de su carrera. En 1998 recibió el National Book Award por Charming Billy, además del American Book Award al año siguiente. Ha sido finalista del Pulitzer en varias ocasiones (por That Night, At Weddings and Wakes y After This). También obtuvo premios literarios como el Whiting Writers Award y el F. Scott Fitzgerald Award for American Literature. Fue incluida en el New York State Writers Hall of Fame en 2013.
Su novela Absolution ha sido ampliamente elogiada, y figuras literarias contemporáneas la han calificado como obra madura dentro de su corpus. Esa recepción refuerza su posición como una de las voces más constantes y respetadas de la narrativa estadounidense contemporánea.
Como profesora en Johns Hopkins dejó una huella educativa notable. Muchos de sus alumnos hablan de su lectura atenta, de su combinación de rigor artístico y empatía pedagógica. En su papel docente ha contribuido a moldear una nueva generación de escritores y a difundir su concepción literaria de integridad formal y dignidad emocional.
Su legado no se restringe al reconocimiento institucional: ha influido en cómo se concibe la narrativa centrada en personajes discretos, que viven mundos aparentemente pequeños pero llenos de tensión interior. Ha ayudado a renovar la tradición irlandesa-americana con una sensibilidad contemporánea, y su obra sirve como modelo de cómo unir lo íntimo con lo universal a través de una escritura controlada pero emotiva.
En el ámbito literario académico, su producción ha incentivado estudios críticos que exploran sus motivos recurrentes —memoria, fe, género, familia— y su estructura narrativa distintiva. Obras como Understanding Alice McDermott muestran que su literatura es objeto de reflexión profunda en estudios universitarios.
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Crítica general de sus obras
Desde su aparición en el panorama literario, la obra de esta autora ha sido objeto de elogios por su delicadea narrativa, capacidad para la introspección y manejo de la memoria como motor creativo. Su producción no es prolífica en volumen extremo, pero sí consistente en calidad y coherencia temática. A lo largo de las novelas y ensayos que ha publicado, su escritura revela un compromiso con el carácter íntimo del relato, la exploración del pasado como elemento constitutivo del presente y un sentido agudo por la forma. En el conjunto de su obra, se aprecia un esfuerzo por unir lo cotidiano con lo trascendente, por hacer que la voz individual dialogue con el tejido colectivo sin caer en la grandilocuencia.
Analizar desde un punto de vista crítico sus textos exige poner en relación estilo y contenido, orden y memoria, silencio y elocuencia. En sus novelas no busca grandes efectos dramáticos externos, sino que despliega tensión emocional en el interior de los personajes, recurriendo a elipsis, retrocesos en el tiempo y reconstrucciones fragmentarias. Esa estrategia no siempre agrada a lectores acostumbrados al relato lineal convencional, pero es precisamente uno de sus recursos distintivos. En consecuencia, su literatura exige un lector activo, atento a matices y resonancias, dispuesto a reconstruir los silencios tanto como las palabras explícitas.
Rasgos generales de su estilo
El rasgo más evidente de su forma de escribir es la economía expresiva con la que elige cada palabra. Hay cuidado en la frase, exactitud en el adjetivo y una atención al ritmo interno de cada párrafo. No desfallece en la búsqueda de musicalidad ni renuncia al significado implícito: muchas veces lo que no se dice pesa tanto como lo dicho. Esa tensión entre lo explícito y lo tácito atraviesa su prosa.
Su estructura narrativa tiende a evitar la cronología rígida: el relato se construye a partir de saltos temporales, memorias superpuestas y regresos. Esa forma de tejer la línea temporal convierte al acto de leer en una experiencia de ensamblaje, donde el lector debe reconstruir conexiones. En esa operación de ensamble, el uso de voces narrativas indirectas, el punto de vista reflexivo y la alternancia entre mirada infantil y adulta resultan recurrentes.
El tono predomina por lo discreto, elegante y mesurado. No se despliega con florituras innecesarias ni busca impacto sensacionalista: cada emoción se sugiere cuidadosamente, muchas veces a través de detalles mínimos, gestos o silencios. Ese minimalismo no limita la profundidad sino que la concentra. En ciertos momentos parece que la prosa respira; en otros, que se contiene—y esa contención es deliberada.
Otro elemento estilístico destacado es el sentido del espacio comunitario. Los escenarios no son neutros: las comunidades (familiares, vecinales, religiosas) aparecen como redes que condicionan las decisiones individuales. Esa densidad social acompaña la vida interior de los personajes y dota a la narración de un trasfondo simbólico que amplifica lo íntimo. Finalmente, la memoria se configura no como mero recurso nostálgico, sino como modo de contar: el acto de rememorar transforma el pasado, lo vuelve variable según la mirada del presente.
Temas recurrentes y visión del mundo
Entre los temas más persistentes figura la memoria como motor identitario. La autora investiga cómo los recuerdos moldean la percepción del yo y de los otros, explorando la idea de que cada versión del pasado guarda un tinte del presente. Esa dialéctica entre pasado y presente permite que sus obras se lean como meditaciones sobre la temporalidad. En entrevistas ha afirmado que la memoria es una “modalidad de contar historias”, cambiando con el paso del tiempo.
La fe, la herencia religiosa y las comunidades católicas irlandesas-americanas emergen con frecuencia como matrices simbólicas. La religión no se impone dogmáticamente, pero funciona como trasfondo moral y cultural: proporciona vocabulario emocional, nociones de culpa, expiación, sacrificio y redención. Esa presencia no desplaza el conflicto humano, sino que lo modula.
La familia y las relaciones intergeneracionales también ocupan un lugar central. Las tensiones entre padres e hijos, el paso de las generaciones, la transmisión de valores y lo que se hereda (no solo bienes materiales) son temas recurrentes. En ese terreno, las pérdidas, la muerte, el duelo y el silencio actúan como fuerzas estructurales del relato.
Otro motivo constante es la exploración de personajes “ordinarios” cuya vida cotidiana encierra conflictos internos profundos. No son héroes extraordinarios, sino personas comunes que viven bajo el peso del pasado, del deber, de las expectativas. Esa elección narrativa refuerza una visión humana que valora la contención y la dignidad sutil.
La identidad étnica y cultural —especialmente la experiencia irlandesa-americana— aparece como matriz de pertenencia y conflicto. Esa identidad no es romántica: se presenta en tensión con la modernidad, la movilidad social, el distanciamiento de raíces y el deseo de definir el propio yo más allá del legado patrimonial. Finalmente, el silencio y lo no dicho, la ausencia y la elisión actúan como campos de fuerza en sus textos: muchas veces los pasajes más significativos se construyen alrededor de lo omitido.
Puntos fuertes
Una de las mayores virtudes de su narrativa es la voz literaria: personal sin caer en lo autoconsciente, íntima sin autocomplacencia. Esa voz logra conjugar la modulación emocional con un control formal que pocas veces cede al exceso. Esa combinación dota sus textos de autoridad serena.
El tratamiento de los personajes resulta exquisito: hijos, padres, mujeres, hombres, ancianos, todos emergen con complejidad psicológica, matices y contradicciones. No se les define por un rasgo único, sino que sus contradicciones los humanizan. El modo en que evoluciona el personaje a través del recuerdo y el silenciamiento refuerza su dimensión simbólica.
Otra fortaleza es la coherencia entre forma y fondo: los recursos narrativos (memoria, elipsis, retrospección) no son meros artificios, sino elementos estructurales que integran el tema central. Esa unidad formal le da a sus textos una densidad que resiste la lectura superficial.
También se puede destacar su capacidad para elevar lo cotidiano a lo universal. Las tramas aparentemente modestas (familia, conflictos morales, pérdidas pequeñas) adquieren resonancias mayores porque están imbricadas con la memoria, el paso del tiempo y la condición humana. Esa amplitud le permite hablar de la condición humana sin acudir a gestos extremos.
Finalmente, su moderación es precisamente una fortaleza: no hay estridencias innecesarias, no se fuerza la emoción ni se recurre al melodrama. Esa contención exige, pero también recompensa al lector atento con una experiencia de lectura más duradera.
Puntos débiles
Sin embargo, hay aspectos que suelen recibir críticas o que pueden suponer barreras para ciertos lectores. En primer lugar, su estilo mesurado puede percibirse como excesivamente pausado o introvertido, especialmente para quienes buscan tramas de larga tensión externa o desenlaces álgidos. Su apuesta por el silencio interior puede resultar poco atrayente para lectores acostumbrados a la acción narrativa intensa.
La fragmentación temporal y la exigencia de reconstrucción narrativa pueden dificultar la lectura casual. En algunos casos la alternancia de saltos entre tiempos y voces puede generar una sensación de discontinuidad o pérdida de ritmo para quienes prefieren una progresión lineal clara.
Algunos críticos han señalado que las tramas no siempre ofrecen resoluciones contundentes: los finales tienden a ser abiertos o inclinados a la ambigüedad, lo cual puede dejar al lector con ganas de cierre explícito. Esa decisión puede interpretarse como fuerza o como debilidad, dependiendo del temperamento del lector.
Otra limitación puede hallarse en la variación temática: el retorno frecuente al mismo mundo simbólico (comunidades católicas, genealogías familiares irlandesas, memoria) puede percibirse como repetitivo. Aunque cada novela aborda nuevos matices, hay quien quisiera que explorase ámbitos más radicalmente distintos.
Finalmente, la intensidad emocional contenida puede hacer que ciertas emociones profundas o conflictos extremos resulten subrepresentados o se vivan “entre líneas”, lo que exige del lector una sensibilidad más fina. Esa elección estética puede hacer que algunos momentos impactantes queden más sugeridos que vividos plenamente.
Valoración final
En conjunto, la producción literaria de esta escritora representa una aportación significativa a la narrativa contemporánea en lengua inglesa. Su voz, medida y potente, su dominio formal y su capacidad para entrecruzar lo íntimo con lo colectivo, la memoria con el presente, confieren a sus obras una hondura que resiste el paso del tiempo. Aunque no es una autora que busque hitos externos o impactos instantáneos, su coherencia artística y su exigencia silenciosa le permiten ocupar un lugar respetado entre quienes valoran la literatura reflexiva.
Su obra ofrece un modelo de cómo narrar vidas ordinarias con gravedad literaria, de cómo hacer del recuerdo un sustento formal sin sucumbir al sentimentalismo. En la medida en que sus textos estimulan la lectura atenta y el repliegue interior, ejercen una presencia duradera en la conciencia del lector.







