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❤️ Biografía de Ana Requena

Ver el perfil del autor Roger Casadejús Pérez
Esta ficha de autor ha sido creada y escrita por Roger Casadejús Pérez
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Ana Requena

Ana Requena Aguilar es una periodista, escritora y activista española nacida en Madrid en 1984, reconocida por su trayectoria en el periodismo con perspectiva de género. Cofundadora del periódico digital eldiario.es, ocupa desde 2018 el cargo de redactora jefa de Género, además de coordinar la sección Nidos sobre maternidad, crianza y cuidados.

Su obra literaria se articula alrededor del feminismo, la conciliación, los derechos sexuales y reproductivos, y las desigualdades de género. Entre sus publicaciones más destacadas figuran Feminismo vibrante. Si no hay placer no es nuestra revolución, Cómo identificar los micromachismos y Intensas. ¿Por qué “intensa” es el nuevo “histérica”?. A lo largo de su carrera ha sido galardonada con diversos premios de periodismo con enfoque social e igualdad, consolidándose como una voz influyente en debates mediáticos y culturales contemporáneos.

Vida y formación

Ana Requena nació en Madrid en 1984. Sus primeros años se desarrollaron en un contexto urbano en el que, desde joven, mostró interés por las cuestiones sociales, la comunicación y la justicia. Su sensibilidad hacia las desigualdades de género brotó probablemente en esa etapa formativa, aunque los detalles públicos sobre su infancia son escasos en fuentes verificadas.

Cursó estudios de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, donde realizó su tesina centrada en el periodismo con perspectiva de género, un tema que marcaría su línea profesional futura. En aquella formación académica se cimentó su base teórica para abordar problemas estructurales vinculados al género, la discriminación y los discursos mediáticos.

Durante esos años de universidad también inició colaboraciones en medios menores y agencias con sensibilidad social, lo que le dio experiencia práctica antes de incorporarse a redacciones más consolidadas. Participó en proyectos de comunicación con enfoque de género, lo que reflejaba ya un compromiso temprano con esa perspectiva.

Por lo tanto, su formación no solo fue técnica en términos de periodismo, sino también orientada hacia una conciencia crítica del poder simbólico de los medios y del lenguaje. Esa combinación —base profesional y sensibilidad social— definiría su perfil.

Trayectoria profesional

Su recorrido profesional comenzó colaborando en medios como AmecoPress, agencia pionera con perspectiva de género, y en prensa como Público, donde trabajó en la sección de economía. En Público ejerció como redactora económica hasta 2012, cuando el diario dejó de publicarse en papel. Durante ese periodo abordó cuestiones económicas desde un prisma social: empleo, precariedad, condiciones laborales y desigualdades.

En 2012 fue una de las personas impulsoras de la creación de eldiario.es, foro periodístico digital con vocación de innovación y rigor. Desde sus inicios en ese medio, participó como redactora de economía, pero pronto orientó su trabajo hacia los temas de género, derechos y cuidados.

En 2014 lanzó dentro de eldiario.es el blog Micromachismos, que se convirtió en una plataforma para analizar y denunciar los comportamientos machistas cotidianos normalizados. Bajo su coordinación, el blog ha sido punto de referencia en el debate público sobre lenguaje, discriminaciones sutiles, estereotipos de género y los efectos simbólicos del machismo en la vida diaria de las mujeres.

Con el paso de los años su papel en el medio se fue consolidando. En septiembre de 2018 fue nombrada redactora jefa de Género en eldiario.es, asumiendo la responsabilidad de coordinar la producción de información sobre igualdad, feminismo, violencia de género y derechos sexuales y reproductivos. A la par, dirige la sección Nidos, centrada en maternidad, crianza, cuidados y conciliación familiar, temas que conectan con su enfoque integral de género.

Además de su labor periodística, ha impartido talleres, participado en conferencias y colaborado como ponente en foros especializados. Regularmente ha intervenido en programas de televisión, debates mediáticos y actos públicos donde aborda sus líneas temáticas con claridad y respaldo empírico.

Su actividad como escritora complementa su labor periodística, integrando ensayos que dialogan con su campo de investigación y activismo. En los últimos años ha presentado nuevos libros, como Intensas, en encuentros y presentaciones públicas. En mayo de 2025, por ejemplo, presentó esa obra en Elda, donde disertó sobre cómo el uso de la palabra “intensa” se emplea para desacreditar a mujeres emocionalmente expresivas.

Obras literarias destacadas

Entre sus publicaciones literarias más reconocidas se incluyen:

Las voces del 15M (2011)
Una obra temprana en la que analiza experiencias, discursos y movilizaciones del movimiento 15M, estudiando cómo esa protesta reflejaba también transformaciones sociales, expectativas colectivas y dinámicas de participación ciudadana con mirada crítica.

Cómo identificar los micromachismos (2018)
Este ensayo propone una cartografía de las manifestaciones sutiles del machismo cotidiano, ayudando al lector a reconocer comportamientos normalizados de discriminación. Se ha convertido en referencia pedagógica para la sensibilización sobre lenguaje, actitudes y microagresiones.

Feminismo vibrante. Si no hay placer no es nuestra revolución (2020)
En esta obra despliega una reflexión sobre la necesidad de integrar el placer en la agenda feminista. Argumenta que la transformación simbólica y política requiere reconocer el deseo femenino como territorio de autonomía y empoderamiento, y cuestionar tabúes que lo invisibilizan.

Intensas. ¿Por qué “intensa” es el nuevo “histérica”? (2025)
Su libro más reciente examina cómo el término “intensa” funciona como herramienta lingüística para deslegitimar a mujeres que expresan emociones, convicciones o pasiones. La autora analiza casos culturales, discursos mediáticos y experiencias personales para cuestionar la carga simbólica y patriarcal del lenguaje.

Además, colabora en obras colectivas y ediciones temáticas que combinan periodismo, género y estudios sociales, aunque esas obras suelen aparecer bajo autoría compartida y en formatos de capítulos o ensayos recopilados.

Temas y estilo narrativo

El trabajo de Ana Requena gira constantemente en torno al feminismo, la igualdad, la violencia de género, la conciliación, los derechos sexuales y las estructuras sociales del poder simbólico. Sus textos suelen conectar datos estadísticos, investigaciones académicas y testimonios personales para dotar de robustez empírica a sus reflexiones.

Uno de los rasgos distintivos de su estilo es la claridad expositiva: evita tecnicismos innecesarios, explicando conceptos de género con ejemplos accesibles. Aun así, su tono no es simplista: integra complejidad teórica con sensibilidad hacia las vivencias individuales. Su escritura combina el discurso analítico con una mirada normativa, sin caer en juicios agresivos, sino en cuestionamientos críticos.

Los temas de los micromachismos —pequeñas conductas cotidianas— ocupan un lugar central, pues considera que esas actitudes reproducen desigualdades estructurales. El lenguaje, en sus obras, no es neutral: el uso de ciertas expresiones es objeto de análisis y crítica (por ejemplo, “histérica”, “intensa”, “loca”). A menudo recurre a la deconstrucción discursiva, mostrando cómo ciertas metáforas, estigmas o calificativos deslegitiman a las mujeres.

El tono es didáctico, comprometido, pero también reflexivo: no asume respuestas dogmáticas, sino que invita al lector a cuestionarse. Combina sensibilidad con rigor, intercalando anécdotas ilustrativas con estudios de género y políticas públicas. Esa fusión de lo teórico y lo narrativo la convierte en puente entre el mundo académico, el periodismo social y el público general.

Reconocimiento y legado

Su trayectoria ha sido reconocida con diversos premios vinculados a la comunicación y a la igualdad. En 2015 obtuvo el Premio de Comunicación No Sexista otorgado por la Asociación de Mujeres Periodistas de Cataluña, en reconocimiento a su labor a través del blog Micromachismos. En años posteriores ha recibido distinciones como el Premio Pilar Blanco a la comunicación sociolaboral, así como galardones vinculados al compromiso social y la igualdad.

Su influencia cultural se visualiza en cómo ha ayudado a incorporar el debate de los micromachismos al discurso público en España, siendo citada en medios, coloquios, aulas universitarias y espacios de formación en género. Su voz ha servido para impulsar reflexiones sobre lenguaje y poder simbólico, y muchas de sus ideas circulan como herramientas de sensibilización en colectivos, ONGs y centros educativos.

Además, coordinar la sección Nidos en eldiario.es le sitúa en un espacio donde se visibilizan discusiones sobre cuidados, maternidad, conciliación laboral y afectiva, ámbitos que hasta hace poco eran marginales en la prensa generalista. Esa labor contribuye a que el periodismo incorpore temas tradicionalmente feministas con rigor informativo.

Su legado no se limita a premios o cifras de audiencia: reside en el cambio paradigmático que aporta al debate mediático y social. Al conectar experiencias individuales con estructuras sociales, su obra promueve una visión política del género. A su vez, sirve de inspiración para nuevas generaciones de periodistas y activistas que quieren abordar la igualdad con herramientas periodísticas rigurosas.


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💥 Nuestra crítica y opinión personal sobre sus obras

¡Imporante! La siguiente crítica representa una opinión personal basada en una lectura atenta de las obras de Ana Requena y no pretende ser una verdad universal ni un juicio definitivo sobre su trabajo.

Te agradeceremos mucho que nos des tu opinión o tu crítica en nuestro foro.

Crítica general de sus obras

La producción literaria de esta autora —compuesta mayormente por ensayos con fuerte carga social y de género— se sitúa en ese cruce entre el periodismo reflexivo y el discurso feminista contemporáneo. Sus textos abordan temáticas que parten de lo vivencial y se proyectan hacia lo analítico: la sexualidad femenina, el poder simbólico del lenguaje, la violencia estructural, las pequeñas expresiones cotidianas del machismo y las estructuras sociales que configuran las relaciones de género. Aunque no escribe ficción, su obra ejerce una función literaria en cuanto al uso del lenguaje, a la construcción del relato y al manejo de la voz. En conjunto, sus trabajos configuran una propuesta coherente que busca tanto diagnóstico como transformación discursiva.

Su escritura conflige con las líneas de la crítica literaria feminista, dado que sus textos son interpretables desde la perspectiva del poder simbólico, de las estrategias discursivas y de la subversión del lenguaje cotidiano. En ellos, no habrá tramas ni personajes ficticios, pero sí narraciones íntimas y colectivas que reclaman sentido, palabra propia y visibilidad para lo silenciado.

Rasgos generales de su estilo

El estilo de la autora se caracteriza por su claridad discursiva y la combinación de lo íntimo con lo analítico. No recurre al barroquismo ni al ornamentismo excesivo: prefiere una prosa directa, aunque cuidada, en la que cada frase parece pensada para ser aprehendida con facilidad. Ese equilibrio entre accesibilidad y profundidad le permite conectar con lectoras no especializadas sin sacrificar rigor.

El ritmo de sus textos alterna pasajes introspectivos y narrativos —cuando relatar episodios personales— con tramos de argumentación más densa, referida a estudios, estadísticas o entrevistas. Esa alternancia proporciona dinamismo: no se estanca en largos párrafos conceptuales, sino que vuelve a voces y ejemplos concretos para volver a implicar al lector.

En cuanto al lenguaje, es frecuente que trabaje con nociones polisémicas: términos como “consentimiento”, “intensa”, “cuerpo”, “placer” adquieren una carga crítica. Sabe que el lenguaje no es neutro, y por ello resemantiza expresiones cotidianas para desnudar su carga ideológica. No renuncia a la voz personal ni al uso de anécdotas, puesto que cree que el relato vivido aporta evidencia simbólica. Pero tampoco cede a lo testimonial puro: esas experiencias son puestas en diálogo con conceptos y teorías de género.

Así, su escritura se inscribe en una tradición de ensayo crítico contemporáneo que no reniega del sujeto ni teme las resonancias emocionales, pero que exige que esas resonancias vayan acompañadas de reflexión estructural.

Temas recurrentes y visión del mundo

Uno de los ejes temáticos más recurrentes es el derecho al placer femenino y la construcción simbólica de la sexualidad desde el patriarcado. En sus textos, el placer no aparece como mero complemento, sino como potencia de revolución subjetiva: reivindica que hablar de deseo, masturbación, orgasmo o sensualidad no es frivolidad, sino una forma de insubordinación. Este enfoque tensiona el predominio discursivo que suele asociar el feminismo con la denuncia de la violencia y la víctima; la autora procura ampliar la agenda hacia la alegación del goce.

Vinculado a ese hilo aparece el análisis del lenguaje: cómo ciertos calificativos (“intensa”, “histérica”, “loca”) funcionan como herramientas para deslegitimar la voz femenina y disciplinar emocionalidades. Esa preocupación por el lenguaje atraviesa su obra como una constante: no basta con denunciar la violencia externa, sino también reconstruir cómo se habla (y cómo no se habla) del cuerpo, las emociones y las relaciones.

Otro tema persistente es la violencia simbólica y estructural: las expresiones más sutiles del machismo, las microagresiones, las expectativas normativas de género. En ese territorio de lo cotidiano —los gestos, las frases, los silencios— la autora identifica los nudos donde se reprod ucen desigualdades invisibles.

Asimismo, sus textos convocan una visión del mundo centrada en la interdependencia de lo personal y lo político, en la idea de que la intimidad es terreno de disputa. No hay esfera privada separada del poder, de modo que la transformación social implica también resignificar el cuerpo, el deseo y el lenguaje. Tiene una mirada que considera que las mujeres no son víctimas pasivas, sino agentes cuya apropiación simbólica del deseo y del discurso puede revertir dinámicas.

Por su parte, aunque aborda la maternidad, los cuidados y la conciliación, no lo hace desde una posición maternalista ni romantizadora, sino con tensión crítica: examina los mandatos relacionados con la maternidad, el peso de la culpabilidad femenina y cómo esos dispositivos coartan la autonomía.

Puntos fuertes

Uno de los logros más evidentes de su obra es conectar el lenguaje cotidiano con los grandes temas estructurales del feminismo sin que el discurso resulte académico o inaccesible. Esa capacidad de traducir herramientas teóricas a ejemplos reconocibles le permite expandir el debate más allá de los círculos especializados.

Su coherencia temática es otra virtud: cada obra no es una unidad aislada, sino parte de una constelación en la que se revisan conceptos mutuos, se retoman debates y se profundiza progresivamente. La autora no reinventa el feminismo, sino que lo problematiza desde su propia voz y su experiencia, aportando matices.

Le resulta muy efectivo su uso del contraste entre lo íntimo y lo estructural. La inclusión de anécdotas personales —sin caer en la mera confesión— humaniza los argumentos y permite un punto de entrada afectivo, pero esos relatos siempre dialogan con lo colectivo. Esa tensión mantiene el texto vivo y comprometido.

También destaca su inquietud por redefinir el lenguaje y su valentía para cuestionar clasificaciones establecidas. No da nada por sentado: revisa términos ampliamente usados, propone otras categorías y expone cómo ciertas palabras funcionan como dispositivos de poder. Esa lucidez crítica es un aporte a la cultura simbólica.

Además, su voz muestra coherencia ética: no cae en contradicciones notorias entre su discurso y sus ejemplos, lo cual fortalece la credibilidad de su proyecto intelectual. Esa alineación entre forma y fondo constituye también un rasgo valorable: cuando escribe de desigualdades, cuida sus propias formas de hablar.

Puntos débiles

En algunos casos, su objeto de estudio puede percibirse como limitado o parcial. Aunque aborda el feminismo del deseo con valentía, algunas críticas señalan que su marco de referencia tendería hacia la mujer cis heterosexual como sujeto privilegiado, con menos atención profunda a cómo intersectan otros ejes de opresión como raza, clase, discapacidad o identidad de género no normativa. La atención a esas intersecciones es tratada de manera secundaria o indirecta, lo cual podría reforzar silencios estructurales.

Otra objeción posible es que ciertos pasajes íntimos pueden resultar excesivamente extensos en relación con la densidad analítica. En algunos tramos el relato personal puede parecer ralentizar el ritmo crítico, especialmente para lectores más acostumbrados a discursos más densos.

A veces, el empeño crítico de resignificar palabras puede incurrir en ejercicios reiterativos: el lector podría sentir que vuelve sobre las mismas frustraciones simbólicas sin avanzar tanto en nuevos horizontes teóricos. Ese eco discursivo puede generar sensación de circularidad.

Por otra parte, su énfasis en el lenguaje y en las microviolencias podría recibir críticas desde quienes consideren que esto resta protagonismo al análisis institucional o macroestructural —aunque la autora no olvida esos ámbitos, su foco predilecto es lo simbólico y cotidiano. Para ciertos lectores, la densidad académica o sociológica de esas otras capas puede resultarle difusa.

Finalmente, al orientarse hacia el público general, no siempre profundiza en teorías especializadas: algunos lectores académicos podrían desear un mayor diálogo con las corrientes feministas contemporáneas —teorías queer, estudios poscoloniales, decoloniales, transfeminismos— que quedan apenas apuntadas, sin exploración sistemática.

Valoración final

La obra literaria de esta autora constituye una contribución significativa al debate contemporáneo sobre género, lenguaje y deseo. Sus textos rescatan espacios simbólicos poco explorados —el placer, el lenguaje cotidiano, las micropolíticas del poder— y los transforman en terrenos de reflexión cultural. No se trata de una producción literaria en el sentido tradicional de ficción, pero su fuerza radica en la potencia de su prosa crítica y su capacidad para intervenir en discursos públicos.

A lo largo de sus trabajos construye una narrativa coherente y progresiva que invita a repensar no solo lo que se dice, sino cómo se dice. Su apuesta estética y política abre puentes entre el pensamiento feminista especializado y el gran público, sin renunciar a la complejidad. Su capacidad para resignificar palabras comunes y desmontar prejuicios simbólicos contribuye a la amplificación del pensamiento crítico en la cultura contemporánea.

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