El Festival de Berlín cree que “somos lo opuesto a la política”, pero en su cobardía niega lo que hace humano al cine y se mete a sí mismo en el caos

Esta noticia ha sido redactada por Roger Casadejús Pérez
Full stack web developer & SEO

CONTEXTO DEL FESTIVAL DE BERLÍN

En los últimos días, a través de las videocríticas de Alejandro G. Calvo, hemos estado informando sobre el cine que se presenta en el Festival de Berlín. Sin embargo, lo que realmente está acaparando la atención en la capital alemana, que por unos días se convierte en el epicentro del cine, no es precisamente el cine que se exhibe. Las ruedas de prensa de las películas presentadas se han transformado en incómodas sesiones donde las preguntas giran en torno a si actores y cineastas consideran que hacer cine es un acto político y qué visión tienen sobre problemas actuales como el genocidio en Gaza.

EL DEBATE SOBRE LA POLÍTICA EN EL CINE

Aunque preguntar a cada celebridad su opinión sobre la situación geopolítica actual puede parecer una parodia, no deja de ser un daño autoinfligido por el propio festival. Durante la rueda de prensa inicial con el jurado, el presidente Wim Wenders intentó esquivar el pronunciamiento sobre Palestina u otros problemas políticos afirmando que debían mantenerse al margen porque “somos lo opuesto a la política”. En su declaración, Wenders afirmó que el cine tiene potencial de cambio, aunque “ninguna película ha cambiado realmente la idea de ningún político. Pero podemos cambiar la idea que la gente tiene de cómo debe vivir”.

A DISTANCIA SEGURA NADIE HACE CINE

Este intento de separar el arte de lo político, además de ser una respuesta cobarde que demuestra que los departamentos de comunicación no han aprendido nada del tumulto generado por Alexander Payne en Venecia, es una contradicción insostenible. El festival trata de protegerse para no tener que pronunciarse sobre un problema mundial que lleva años siendo discutido, creyendo que un festival de cine no tiene responsabilidad en ese aspecto al programar películas que dan voz a determinadas posiciones. Lo más grave es que no costó tomar partido en conflictos más cercanos como la invasión a Ucrania, quizá porque posicionarse ahí implicaba menos riesgo a nivel público.

EL CINE COMO REFLEXIÓN POLÍTICA

Wenders y la organización podrían haber querido diferenciar entre política profesional e ideología política en el cine, pero no es eso lo que comunicaron. En su lugar, pretendieron argumentar que el cine debe mantenerse al margen de lo político, lo cual actúa en contra de la propia naturaleza del cine si lo entendemos como una manifestación artística. La política de una película se hace presente en el momento en el que decide centrarse en una determinada historia y desde una determinada perspectiva.

EL PODER DE LA PERSPECTIVA EN EL CINE

El mero hecho de colocar la cámara en determinada posición para capturar ciertas imágenes, o cortar una escena un segundo más o menos tarde, ya está ejerciendo una decisión que marca una prioridad de quien decide contar. Si una película tiene un punto de vista, una perspectiva de un autor además de su artesanía, tiene su experiencia volcada en ella. Una perspectiva compuesta por las diferentes ideas y vivencias del narrador que, finalmente, componen su ideología. Es decir, componen su política.

LA CONTRADICCIÓN EN LAS PELÍCULAS DE WENDERS

Las propias películas de Wenders, centradas en personajes que viven en los márgenes del conformismo social, presentan un tipo de política aunque él crea que no hay una intención. Tratar de vender lo contrario resulta casi un insulto a la inteligencia del público, pero es casi negarse a sí mismo su papel haciendo cine. O, al menos, no querer ser consecuente con las decisiones.

Otros vídeos relacionados con la noticia:
Index