Cómo 'Jungla de Cristal' se convirtió en un clásico navideño. La postal de John McTiernan que nos llega siempre al corazón
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LA POSTAL DE JOHN MCTIERNAN QUE NOS LLEGA SIEMPRE AL CORAZÓN
Cada vez soy más consciente de que los grandes, los grandes de cualquier campo que podamos imaginar, solo necesitan el tiempo de una mirada para llenar con ella un infinito. Es un aura intangible, pero innegable, que envuelve la expresión y los silencios del que sabe y que comunica tanto o más que sus palabras.
Hace cinco años, en diciembre de 2020, John McTiernan demostró por qué pertenece a esa estirpe de creadores capaces de llenar un infinito. En apenas 12 minutos y 11 segundos, con una honestidad y vulnerabilidad tristemente ausente de nuestro mundo mediático, McTiernan celebra la navidad con nosotros de una manera inolvidable.
Se lo debemos, por cierto, al American Film Institute, la institución que preserva el erario del cine estadounidense y que cuenta con un estupendo canal de Youtube en el que es fácil perder muchas horas entre las bambalinas del séptimo arte.
PALABRAS SON PLANOS Y PLANOS SON PALABRAS
"Cada plano es lo que es porque siempre lo pasé bastante mal haciendo general, medios y primeros planos. No lo he hecho nunca. Contar una historia no es una actividad azarosa. Hay una palabra particular puesta en un lugar específico que es la palabra adecuada. Si hablamos de una película, hay el plano adecuado. Y si tienes algo de sangre, por lo menos, vas a intentar averiguar cuál es ese plano."
Si uno es cinéfilo, que es algo distinto, ni mejor ni peor, que ser simplemente aficionado al cine, será muy difícil no sentir una emoción especial al leer estas palabras. En mi caso, calan muy profundo porque yo soy uno de los que vivía preocupado ya no por el cine, sino por el lenguaje del cine. Las palabras del cine. Esa palabra (plano) adecuado en ese lugar específico.
Antes incluso del COVID, la edad de oro de la televisión estaba amenazando el lenguaje cinematográfico. Aguantar ficciones audiovisuales que se extienden durante decenas de horas, que pasan por múltiples directores, implica que tiene que existir un ancla a la que agarrarse para que aquello no sea un batiburrillo.
Ese ancla se llama Biblia y viene definida por un autor o autores, los showrunners. Marca una manera específica de rodar, montar y etalonar. Define, por así decirlo, no solo el léxico sino también la sintaxis de lo que veremos sobre la pantalla. Esto implica que esas decenas de horas de cine pesan todas igual en términos estilísticos.
Escribir en un estilo cerrado de antemano es un ejercicio que todo autor debe hacer. Es muy fácil volcar la creatividad, especialmente cuando no se controla lo que se hace, en una libertad artística total. Es mucho más difícil, pero es la esencia de lo profesional, el ser capaz de contener esa creatividad en una serie de pautas (y siempre existen) que nos vienen dadas.
Pero por mucho que respete el saber cumplir con esas pautas, la edad de oro de la televisión las restringió tanto que era muy razonable temer por el futuro de la puesta en escena. Porque la era dorada de la televisión fue, sin duda, la de los guionistas.
Las cosas, por fortuna, han ido cambiando. De momento, sobre todo en el formato de miniserie, donde es posible que un director, haciendo un esfuerzo hercúleo, episodio a episodio, firme todos y cada uno de los planos de una serie con la actitud exacta que mencionaba John McTiernan: encontrar el plano adecuado. El plano. Sin repeticiones. Sin formulismos. Enfrentarse a la secuencia, al papel, y encontrar esa poética de la imagen que lo eleva a eso que llamamos cine.
Pero hay algo en la contención de un largometraje que obliga, a esas mentes inquietas, a crear divinamente, a buscar una poética que intenta, con esfuerzo formidable, hallar imágenes genuinas sin descanso. 'Jungla de cristal' ('Die Hard', 1988), hoy clásico de clásicos, ayer poco más que una cinta de acción de éxito, es una cinta en ese espíritu.
Hay múltiples planos-palabras que podríamos destacar de 'Jungla de cristal', pero hay algunos en los que me quiero detener un instante y que demuestran hasta qué punto es sutil esta película en sus planos, y cómo hay intención en todos ellos.
Un grupo de planos clave son los que enfrentan el primer término y el fondo del plano para transmitir el mismo concepto: "Alguien no se está enterando de qué va esto". Ahí van:
O cómo aportó planos fundamentales para la nueva concepción de la acción, especialmente todo lo que se refiere a los planos que logran expresar la experiencia del personaje y a detallar con suspense largas acciones físicas.
Creo además que han sido fundamentales para otro medio: los videojuegos. Cada vez que nos escurrimos en un juego de acción en un conducto de ventilación, cada vez que tenemos que sufrir la tensión de recargar un arma bajo fuego enemigo o detener precariamente las aspas de un ventilador, John McClane estuvo allí.
LOS REYES Y NOSOTROS
"Fue sobre 1770 o 1780. Un pinto francés llamado Davis, que no era muy bueno en su trabajo principal. Pero en los retratos que hacía aparte, por dinero... Eran retratos de gente inteligente, con mirada profunda. Era gente noble, pero no gente de la realeza, y ese era el asunto [...] Los reyes perdiendo el control del mensaje."
En la escena cumbre de 'Mank' (2020), una película extraordinaria pero áspera y hermética para el gran público, el personaje protagonista, completamente borracho, cuenta el argumento de 'Ciudadano Kane' (1941) como una fábula destinada al escarnio de su rey: William Randolp Hearst. Al terminar la fábula y vomitar frente a todos sus comensales, Hearst escolta a Herman J. Mankiewicz hasta la puerta mientras le cuenta lo siguiente:
"¿Conoces la parábola del mono organillero? El mono organillero es bajo en estatura y, habiendo sido arrebatado de la naturaleza salvaje, está naturalmente sobrecogido por la enormidad del mundo a su alrededor. Pero todas las mañanas, una dulce anciana lo viste en hermosas prendas.
Lo viste con un chaleco de terciopelo rojo adornado con botones de perlas y un apuesto fez rojo con una borla de seda. Le calza unos zapatos con brocado que caracolean en sus puntas y lo completa con una caja de música dorada con una exquisita cadena de oro ceñida a su cuello.
Cuando se aventura en la ciudad para actuar, piensa: 'Qué tipo tan poderoso debo ser'. 'Mira cuán pacientemente me espera todo el mundo para verme bailar'. 'Y allí donde voy', se piensa, 'esta caja de música me ha de seguir y con ella este pobre hombre'. 'Y si decido no bailar, este pedigüeño se morirá de hambre y cuando decida bailar, todas las veces... debe tocar'. 'Lo desee o no'."
De esta manera sutil, y humillante en extremo, le recuerda Hearst el abismo que media entre los dos: entre el rey, él, y el bufón, Mankiewicz. Bien es verdad que la venganza del guionista será terrible, transformando en el trineo mas famoso del cine el apodo, habrá que suponer que cariñoso, a los genitales de su mujer. Pero es una escena esencial para entender el orden del mundo al que se refiere McTiernan en este tramo de la conversación. Y que a él le viene del tiempo que pasó en la cárcel por haber espiado a su exmujer y a un productor.
La experiencia carcelaria, como confesaba a la CNN en una entrevista en 2014, lo cambió radicalmente y lo curó, como un exfumador, de ser republicano. John McTiernan entendió allí, seis años antes del Black Lives Matter, cómo el sistema estaba cableado para seguir creando reyes y vasallos.
Nunca se me había ocurrido leer 'Jungla de cristal' con esta mirada. Sí, hay elementos obvios de crítica al capitalismo dentro de una película de ficción. Pero la lectura radicalmente política que da McTiernan de la cinta se me había escapado por completo. La volví a ver para este artículo desde esta óptica y me asombró hasta que punto se me había escapado cuán profunda y sutil es la manera en la que la cinta juega, como dice McTiernan, "contra el sistema".
El director apunta a una escena maravillosa en el comienzo del filme, cuando McClane conoce a Argyle, el novato conductor de su limusina, y ambos intercambian un diálogo memorable:
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